En esta segunda entrega continúo repasando algunos de los lugares más destacados para visitar en Barcelona y sus cercanías. Es el turno de apreciar las mejores vistas de la ciudad desde los cerros de Montjuic y el Tibidabo, de escaparle a lo tradicional para ascender al impresionante Monasterio de Monserrat y de disfrutar el fútbol más exquisito del planeta con el Barca de Lionel Messi.
En las alturas del Tibidabo
Este cerro de 512 metros es conocido por las bellas vistas que ofrece de la capital catalana, se encuentra a un paso del centro y es de fácil acceso. En mi caso fui y volví en autobús (parte desde Plaza Cataluña), pero también es posible llegar en funicular o con el popular tranvía azul. Sobre él se encuentra el Templo Expiatorio del Sagrado Corazón, una imponente iglesia que puede verse desde casi cualquier punto de la ciudad. Esa particularidad sea tal vez la que me incentivó a conocerla de cerca. Además está el Parque de Atracciones del Tibidabo, que no es uno más, sino que se trata del primero de toda España (construido en 1899) y el segundo más antiguo de Europa. Por otro lado se destaca la Torre de Collserola, una particular antena de telecomunicaciones que cuenta con un mirador en su cima.

La Fuente Mágica de Montjuic.
La magia de Montjuic
En lo personal creo que Montjuic es mi rincón favorito de Barcelona por lo mucho que tiene para ofrecer. Así es que lo visité en más de una oportunidad, tanto de día como de noche, algo que merece la pena por la iluminación de sus construcciones. Recomiendo primero llegar a lo más alto para luego comenzar el descenso hacia el plato fuerte. Para esto se puede tomar el funicular que comunica la montaña con Poble-sec, al cual se accede con una simple combinación de metro. Lo primero arriba es el castillo, inmensa edificación que me asombró por completo debido a lo novedoso que significaba para mí en ese momento, todavía con pocos kilómetros europeos en mi mochila. Más adelante me familiarizaría mucho más con los castillos, pero siempre disfrutándolos a partir de su estética y simbología histórica. Luego de rodear la fortaleza y su elegante fosa de entrada con jardines bien cuidados, lo mejor es subir a la parte alta y quedarse a observar las fascinantes vistas de la ciudad que asoman entre las tantas torres, donde se permite ingresar y asomarse por las pequeñas ventanas melena al viento (aunque no en mi caso).
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