De gira por Ecuador (1): Guayaquil, sí vale la pena

Llegamos a Guayaquil previa escala en Santiago de Chile con grandes expectativas y ansiedad por pasearse entre los tantos rincones mágicos de Ecuador, en lo que sería un viaje en pareja de 33 días. Sin embargo, no había leído ni escuchado grandes críticas de la ciudad con más habitantes del país, algo que me incentiva aún más al momento de conocer un lugar. Lo cierto es que tras cuatro días me fui con una muy buena impresión habiendo visitado montones de sitios que me sorprendieron para bien.

Llegamos por la noche y fuimos recibidos en el aeropuerto por un gran amigo que vive allá hace más de tres años con su familia, quienes nos alojarían en su casa de Durán (ciudad vecina al otro lado del río Guayas) y acompañarían a todas partes con la mejor predisposición, haciendo de nuestra estadía inolvidable y permitiéndonos sumergirnos en sus costumbres. Primeras sensaciones: humedad y calor, que de todas formas no fueron obstáculo para impedirnos descansar debido al agotamiento del viaje y las siete horas de espera en Santiago.

La Catedral junto al Parque Bolívar

La Catedral junto al Parque Bolívar.

Durante los siguientes tres días recorrimos los puntos más atractivos de Guayaquil, siempre bajo un sol agobiante. Primero, el centro. Caminamos por el elegante Parque del Centenario y por la calle principal 9 de Octubre plagada de locales, para luego dirigirnos a la enorme Catedral y el peculiar Parque Bolívar, donde se pueden observar de cerca un gran número de iguanas curiosamente sociables. En la zona también es posible apreciar las iglesias de La Merced y San Francisco. Luego recorrimos el Malecón 2000, que bordea el río en un paseo muy relajante con museos, jardines, monumentos (como el Hemiciclo de la Rotonda y la Torre Morisca o del Reloj), aéreas de juegos, un centro comercial, patios de comida y varios miradores a los cuales se puede subir para observar desde lo alto las edificaciones, los barcos (que pueden abordarse) y el paisaje. Aquí almorzamos y probé mi primer ceviche, en este caso de camarón, fresco y demasiado sabroso, además de degustar las típicas empanadas de maduro, toda una novedad. Por su parte, el moderno Malecón del Salado se ubica al oeste, con su puente peatonal colgante en forma de arco.

Las escaleras hacia la cima del Cerro Santa Ana, en el barrio Las Peñas

Las escaleras hacia la cima del Cerro Santa Ana, en el barrio Las Peñas.

Hasta aquí la ciudad me resultó muy pintoresca y fácil de recorrer, pero vendría el plato fuerte, mi lugar preferido de Guayaquil: el Cerro Santa Ana y el barrio Las Peñas. El ascenso  comprende 444 escalones  en un contexto de película, rodeado por casas pintadas de llamativos colores y callejones empedrados. También hay pequeñas tiendas, bares y restaurantes, además de una buena presencia policial a lo largo del recorrido. Al llegar a la cima nos topamos con el fortín del Cerro, la Capilla y el distinguido faro, desde el cual se obtienen las mejores vistas de la ciudad.  Este sitio realmente es encantador y esconde una mística que hace lo recordemos con cariño. Al bajar, no sin antes refrescarse con un granizado, nos dirigimos hacia la izquierda para perdernos en el corazón del bellísimo barrio Las Peñas, que alberga la histórica calle de Numa Pompillo Llona con placas en las casas con domicilios de ex presidentes. Zona de artistas y galerías, desemboca en las escaleras que llevan al Puerto Santa Ana. Más allá aparecen enormes edificios y hoteles de lujo, en un paseo para no perderse.

Vistas desde lo alto del faro en el Cerro Santa Ana

Vistas desde lo alto del faro en el Cerro Santa Ana.

También visitamos el Parque Histórico, amplio y bello para recorrer con calma entre sus pasajes arbolados y apariencia virreinal. El mismo posee especies animales en peligro de extinción (aves, reptiles y demás) y alberga ejemplos arquitectónicos de nivel, con especial énfasis en las tradiciones locales, además de un restaurante y exposiciones. El Parque es una buena opción si se busca un oasis de tranquilidad cercano al más bullicioso centro. Próximo se ubica Samborondón, la zona más exclusiva de la ciudad, con un gran centro comercial y lujosas viviendas.

Como no podía ser de otra manera nos dimos un festín de cangrejos, que exigen un trabajo intenso de manos y mandíbula,  recompensado de inmediato con una carne deliciosa que se hace agua a la boca. Esta es otra costumbre costeña que implica compartir un grato momento con seres queridos en la mesa entre charlas, como una suerte de fondue. También llegó la navidad, que pasamos con la familia de la esposa de mi amigo, experiencia que describo con detalles en el post “Curiosidades y datos útiles de Ecuador”.

Un paseo por el Parque Histórico.

Puede que Guayaquil no cuente con un suculento número de atractivos, sin embargo aquellos que tiene valen la pena con creces y justifican la estadía. Merece más que una visita de paso y el sólo hecho de subir por las escaleras hacia el Cerro Santa Ana cubre la cuota viajera. Igualmente insisto, no creo exista lugar en el globo que no amerite ser conocido, en definitiva, de cada sitio se aprende algo; el viaje verdadero no implica sólo quedarse con aquellos sectores visualmente más atractivos, aunque esto también siempre es subjetivo a los gustos de cada cual.

Nos despedimos felices y agradecidos, sólo con un hasta pronto, ya que dentro de un mes regresaríamos para tomar el vuelo de vuelta hacia Buenos Aires. Ahora era el turno de descansar en algunas de las tantas playas de la costa, camino por la Ruta del Sol. Primero, a tomar un autobús con destino a Santa Elena para luego poder llegar a Salinas.

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5 respuestas a De gira por Ecuador (1): Guayaquil, sí vale la pena

  1. DungA dijo:

    Muy buena nota hermanooo!!! la verdad que para mi familia y particularmente para mi fue una felicidad muy grande compartir esos dìas!!!

  2. Juan Manuel Pinto dijo:

    Que lindo que escribis. Lo describis de manera tal que te transportas al lugar. Felicitaciones Diego.

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