Mis días en Madrid

Madrid es una de las ciudades que más me marcó y atravesó emocionalmente en mis viajes: una parte de mi se quedó allá para siempre. Entre idas y vueltas estuve en tres momentos diferentes en la capital española, el primero de ellos viviendo cerca de un mes y medio, dando comienzo a mi última travesía de más de nueve meses como mochilero. Esta ciudad también fue una base desde la cual conocí varios sitios del centro, como Toledo, Segovia o Ávila, entre otros. Recuerdo que compré un vuelo sólo de ida desde Buenos Aires, ya que realmente no sabía si volvería, ni cuándo ni desde dónde, pero como ciudadano italiano podía darme ese lujo. La partida fue profundamente dolorosa y angustiante ya que me distanciaba de Silvina, mi compañera incondicional, con la incertidumbre de no saber qué sucedería en el futuro. Son decisiones y todo sirvió para crecer, ambos pensamos que sería lo correcto y tuvimos el valor de intentarlo, luego el tiempo quiso que nos reencontremos. Allá me recibiría en el aeropuerto su hermano Hugo, con quién viviría las siguientes semanas. Desde entonces comenzaba a escribirse una nueva historia.

Una de las calles de Lavapiés.

El departamento que fuere mi hogar quedaba en la calle Ave María del barrio de Lavapiés, con el cual crearía un vínculo de pertenencia muy fuerte.  Esta zona céntrica de la ciudad tiene una injusta mala fama por parte de algunos, que la tildan de peligrosa y desagradable, más que nada basándose en un prejuicio absurdo para con la gran cantidad de inmigrantes que habitan el barrio, en su enorme mayoría trabajadores incansables. Pero lo cierto es que esta diversidad cultural hace de Lavapiés un lugar con una energía especial y características bien propias, que ponían alerta mis sentidos a todo momento: intensos aromas provenientes de restaurantes marroquíes, manteleros africanos ocultándose de la policía, hermosas calles empedradas y angostas, subidas y bajadas, plazas y veredas colmadas a cualquier hora con gente disfrutando de una cerveza y en especial seres de hasta las partes más recónditas intentando ganarse la vida, como el paquistaní del cyber vecino que siempre recibía con una gran sonrisa a sus clientes.

Debo confesar que Madrid no se parecía casi en nada a lo que imaginaba. Tenía la idea de una bulliciosa y abarrotada ciudad de cemento, y vaya si me equivoqué. Su gente suele ser cálida y servicial, en tanto que los puntos más destacados se encuentran relativamente cerca, lo que hace fácil recorrerla. Recuerdo que el primer día y luego de dormir un poco para asimilar el jet lag fuimos con Hugo a conocer parte de lo más popular de Madrid, para tener una primera impresión, que fue muy positiva. Caminamos por las calles del pintoresco centro histórico, pasando por la Plaza Mayor y la Puerta del Sol, por donde luego andaría decenas de veces más. Era demasiada información, me sentía un niño, afortunado de vivir ese momento y ansioso de adaptarme rápido a la capital. Los días posteriores me empaparía de la ciudad y su gente, visitando lugares maravillosos como el Museo del Prado, los Jardines del Retiro, el Ayuntamiento, el Palacio Real o la Gran Vía, aunque la verdadera  mística madrileña estaba en el centro histórico, que nunca descansa.

En el Palacio Real

En el Palacio Real.

A diferencia de la mayoría de las grandes capitales europeas, Madrid rara vez está nublada, contrariamente cuenta con una luz agradable y un cielo celeste que levantan el ánimo. Lo curioso es que a toda hora se puede encontrar un sitio para tomar un trago y divertirse, o bien degustar de unas tapas. Para esto último recomiendo el histórico Museo del Jamón, El Tigre, La Sureña o los 100 Montaditos, aunque la oferta es grande. En estos locales se respira la esencia española, con la cerveza derramada en las barras, irresistibles patas de jamón colgando de los techos y sobretodo bullicio y sonrisas. Todo esto en un contexto cosmopolita increíble, con turistas que van y vienen de todas partes del mundo, en lo que resultaba un doctorado en nuevas culturas y costumbres. Mi rincón favorito es La Tabacalera, una antigua fábrica de tabacos en Lavapiés convertido en un centro social autogestionado. Recorrer este enorme y bohemio edificio es una experiencia de película, con pasadizos que llevan lugares recónditos poblados por músicos, artistas o skaters, custodiados por paredes con graffitis que la convierten en una joya para los amantes de la fotografía. Futbolero de ley también conocí también el Santiago Bernabéu, estadio del Real Madrid, primero en un tour y luego en un encuentro ante el Villarreal por la Liga.

La característica principal de Madrid es el ánimo festivo con el que se vive, sin importar el día u horario. Siempre habrá un lugar dispuesto a recibir a quien busque pasarla bien, beber una cañas o comer algo y principalmente conocer gente. Las personas se dejan llevar por un ambiente distendido y están predispuestas a dialogar, intercambiar anécdotas y hacer nuevos amigos. La oferta comercial es muy variada, para todos los gustos, de día y de noche. Los extranjeros siempre son bienvenidos e incorporados a este sistema donde se respira el alma española. Aquí la vida se disfruta.

La Plaza Mayor

La Plaza Mayor.

Caminaba horas, en un plan más turístico que otra cosa. Aunque luego comencé a ver las posibilidades laborales, que eran escasas ante una crisis pronunciada, representada en los miles de manifestantes que se reunían seguido en la plaza de la Puerta del Sol, para luego ser reprimidos sin discreción. Sí me resultaba llamativo con la poca cantidad de euros que alcanzaba para comer como un rey (esto igualmente de acuerdo a los amarretes sueldos). No lo había decidido aún, pero este fue uno de los factores responsables para que luego continuara viaje. Recorrería muchos lugares vecinos yendo y viniendo desde acá (a los cuales me referiré en los siguientes posts) antes de partir a Barcelona. Ese momento puntual caminando pesadamente y con frío a la mañana hacia el metro por la empinada calle Ave María lo recuerdo latente. Me sentía inseguro, con miedo, las mochilas (una detrás y otra, más pequeña, delante) me resultaban demasiado pesadas y sobretodo sentía la incertidumbre de no tener claro hacia donde ir ni en búsqueda de qué cosa, dudas que luego se irían disipando para disfrutar el ser un pasajero en el camino. La soledad comenzaba a jugar su partido y de a poco aprendería a convivir con ella. Después de la ciudad catalana continuaría por Andalucía, Marruecos, Portugal y el norte español, antes de regresar por unos días a Madrid para retomar fuerzas y abandonar por varios meses la península ibérica. Aunque en realidad nunca me iría de Madrid.

En el Santiago Bernabéu

En el Santiago Bernabéu.

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Una respuesta a Mis días en Madrid

  1. patricia fina dijo:

    me emociona y me transporta a tus vivencias y sobre todo a las mias!..me encanta porque ahora se , de vos y de tus viajes.., en profundidad..haces algo que realmente es sanador, escribir!..asi recordas, plasmas y guardas!..en lo mas profundo de tu ser!.sos un hermoso ser de luz blanca , que dios te cuide siempre y nada malo te suceda.te quiero mucho.pato

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