De gira por Ecuador (3): Quito, un lugar para vivir

Tras el viaje desde Canoa en el cual dormí como un bebé (hasta que nos despertó innecesariamente poco antes de llegar la cumbia a todo volumen), arribamos a Quito cerca de las cinco de la mañana. El autobús de la empresa Reina del Camino nos dejó en plena calle a metros de su diminuta estación en 18 de septiembre y Larrea. Debíamos hacer tiempo hasta poder ingresar a nuestro alojamiento a las dos de la tarde,  por lo que al ser todavía de noche y estar bastante desorientados nos quedamos en la sala de espera tiritando de frio. A todo esto la lluvia torrencial no daba tregua. Veníamos de temperaturas agradables en las playas y el cambio se sintió. Ya amanecía y era momento de perderse en la gran capital, entonces dejamos ahí mismo nuestro equipaje con la intención de caminar sin peso y luego volver a retirarlo.

Vista desde el campanario de la Basílica del Voto Nacional con el Panecillo de fondo

Vista desde el campanario de la Basílica del Voto Nacional con el Panecillo de fondo.

La lluvia cesó y de a poco hicimos pie. La primera impresión al levantar la vista fue inolvidable: la ubicación de privilegio de esta ciudad entre montañas y volcanes, con verdes praderas en las alturas no dejaban de sorprender, además de lo limpio y cuidado que estaba todo. Caminamos por la Avenida Patria bordeando el hermoso Parque El Ejido hasta llegar a un McDonald’s, la salvación, donde recuperamos fuerzas con un buen desayuno, aprovechamos el wi fi y dimos una mirada a los mapas.

Quito se caracteriza por su disposición alargada, hacia el sur está el casco histórico y hacia el norte la parte moderna, donde iríamos primero. Recorrer esta zona nos dio verdadera dimensión de lo increíblemente bella que es esta ciudad. Te hace sentir cómodo y relajado, rodeado de una arquitectura variada, parques, montes y volcanes. Las avenidas Amazonas, 6 de diciembre y Cristóbal Colón esperan elegantes rodeadas de comercios. Fue por aquí donde despejamos todas las dudas con un amable empleado en la oficina de información turística y donde reservamos la excursión por un día a la Laguna de Quilotoa. También se pueden visitar los parques de La Alameda, con el monumento de Simón Bolivar, y de La Carolina, con su jardín botánico en un ambiente familiar. Además, numerosos museos, como el de Alberto Mena Caamaño, de Arte Colonial, de Camilo Egas, de Guayasamín o de Ciencias Naturales.

A 4100 metros sobre el nivel del mar, tras subir por el Teleférico

A 4100 metros sobre el nivel del mar, tras subir por el Teleférico.

Así se pasó la hora y volvimos por nuestro equipaje. Otra vez el diluvio. Y en una decisión desacertada de la cual me hago cargo caminamos cerca de quince cuadras hasta nuestro alojamiento. Yo no sabía que el mismo estaba ubicado casi al final de una calle muy empinada llamada La Gasca, por lo que el trayecto además de húmedo fue agotador, imaginen que el acceso al teleférico estaba cerca de allí. De ahora en más por supuesto siempre regresamos en algún autobús de línea. Entramos a nuestro “hostel” y quedamos boquiabiertos, nuestro humor cambió al instante. Resultó ser una gran casa lujosa con espectaculares vistas, habitaciones con camas enormes, equipada por completo, con cocina, living y una terraza. Luigina, la dueña, era una señora italiana con una historia de vida increíble, habiendo vivido en varios países, de los cuales conservaba muchos recuerdos únicos, en especial de África, que adornaban todo el lugar. Encima estaríamos solos casi todos los días, cocinándonos nuestra comida (algo necesario ya un poco cansados de los platos ecuatorianos) y leyendo algún libro para viajeros de los tantos que había en las bibliotecas, todo por la módica suma de ocho dólares cada uno por noche. De no creer. Lo malo, pasamos bastante frío ya que no había calefacción.

Una de las calles del casco antiguo

Una de las calles del casco antiguo.

Como era de esperar al estar en la temporada húmeda, la lluvia no fue demasiado benigna durante nuestra estadía, lo que no nos impidió tomar noción de la magnitud del lugar. El clima era mejor por las mañanas, por lo que madrugar era la mejor opción para sacarle el máximo provecho al día. El principal atractivo de Quito es su asombroso casco histórico o “ciudad vieja”, un viaje en el tiempo a través de sus calles coloniales, en uno de los centros virreinales más hermosos que vi en América. Como tal, resulta un goce permanente para aquellos que amamos la fotografía.

Conventos, iglesias, capillas y monasterios construidos en los siglos XVI y  XVIII están a la orden del día en una atmosfera tan caótica como cautivadora, con vendedores, turistas, policías y taxistas que van y vienen. El corazón de esta zona es la  Plaza Grande, que hace gala entre palmeras y edificios de antaño, como el Palacio de Gobierno, la Catedral, el Palacio Arzobispal con su galería o el Centro Cultural Metropolitano. Al norte, la iglesia de la Merced y la inmensa Basílica del Voto Nacional con sus campanarios, a los cuales se puede acceder hasta las cinco de la tarde para obtener las mejores vistas de la ciudad (no se les ocurra perderse esta experiencia). Al este, los monasterios de San Agustín y de Santa Catalina. También merecen la pena las plazas y monasterios de San francisco y Santo Domingo. No tan lejos se encuentra el Panecillo, que brinda desde las alturas un bellísimo panorama, custodiado por la estatua de la Virgen (es recomendable evitar las escaleras e ir y volver en taxi, ya que son normales los robos en el camino).

La Plaza Grande, el corazón de la ciudad vieja

La Plaza Grande, el corazón de la ciudad vieja.

Por otro lado es indispensable subir al Teleférico para contemplar este paisaje de maravilla. Montañas y volcanes rodean Quito, como el Guagua y Rucu Pichincha, el Cotopaxi, el Anticiana y el Cayambe, que con suerte pueden estar despejados. En nuestro caso la fortuna no acompañó y tuvimos sólo unos minutos de buena visibilidad antes de que nos tape la niebla, que de todas formas generaban un entorno misterioso y apacible. Arriba hay una confitería y varios senderos. Al transitarlos nuestro cuerpo se llenara de paz y armonía, pero cuidado, la altura se siente y mucho.

¿Y la famosa Mitad del Mundo? No se asusten, los alrededores de la ciudad merecen una nota aparte, al igual que las excursiones que pueden hacerse por el día, pasando por la Laguna de Quilotoa, numerosas ferias y los volcanes Cotopaxi y Pululahua. De eso se tratará el siguiente post.

Espectacular vitró dentro de la Basílica del Voto Nacional

Espectacular vitró dentro de la Basílica del Voto Nacional.

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