
Josselin, Francia.
Cuando escribo un relato, hago un viaje imaginario. Es mi máquina del tiempo, regreso al pasado. Después imagino muchos otros viajes que vendrán. Antes que me dé cuenta ya estarán ahí. Luego serán recuerdos y volveré a ellos. Y sucesivamente. Así funciona la máquina de sueños, como un círculo. Uno los desea tanto y hace todo lo posible para que se cumplan que finalmente suceden.
Ir de a poco guardando tantos momentos en un solo lugar hace que pueda quedarme horas viendo mi blog. Me detengo en alguna frase o situación descripta. Veo las fotos. Así me teletransporto. Desarrollé ese poder. Lo mismo pasa cuando leo otras bitácoras viajeras. Aunque por supuesto las experiencias personales no tienen a la imaginación como combustible, sino que fueron vividas en carne propia y llegan al corazón.


