Dejar la zona de confort: historia de un pasaje de ida

Acá estoy a horas de empezar una nueva etapa en mi vida, que presiento vendrá llena de sorpresas y momentos felices. Esta vez no parto solo, sino que me acompaña Cristian, amigo desde pequeños, cuando nos conocimos por ser vecinos del barrio en Bariloche. Nos vamos a Nueva Zelanda con la idea de viajar y trabajar cerca de un año para luego recorrer parte de Asia, esencialmente el sudeste. Son muchas las sensaciones vividas en estos últimos días: ansiedad y entusiasmo por el futuro, dolor por despedirse de seres queridos, agobio organizativo, miedos y desbordes emocionales. El porqué de la decisión intentaré desarrollarlo en los próximos párrafos, ya que va más allá de un simple viaje, sino que engloba la idea de entender el viaje como una forma de vida y no como unas vacaciones laborales.

Pasaron poco más de dos años de mi regreso luego de la última gran aventura que finalmente duró diez meses por Europa y parte de África (Marruecos). En ese entonces era una persona totalmente diferente. Me fui haciendo en el camino, saltando de país en país, empapándome de culturas, aprendiendo de sus costumbres, conociéndome a mí mismo rodeado de paisajes soñados. Sin embargo sentía que tenía cuentas pendientes en Argentina y decidí volver en búsqueda de certezas. Ya en Buenos Aires hice el primer año de la carrera de fotografía, recuperé mi antiguo trabajo y busqué posibilidades laborales alusivas al periodismo. Es acá donde se produjo un quiebre, un despertar. Se me presentaron un par de propuestas muy buenas, y en un principio estaba mentalizado en no dejarlas pasar. El hecho es que justo tenía ya comprados los vuelos con destino a Ecuador, un viaje previsto en pareja de más de un mes. Sabía que estaba entre la espada y la pared, ya que lógicamente no podían contratar a alguien y a los pocos días de su ingreso otorgarle un mes de vacaciones. Sin embargo no resigné el viaje y no fui contratado.

¿Era realmente lo que quería? Por entonces ya había podido escribir algunas notas para revistas de viajes como freelance, en tanto que simultáneamente nació el blog. Esto me hizo sentir muy a gusto, escribir sobre mis experiencias y notar rápidamente el interés de tantos otros, sobretodo de desconocidos. Tenía mucho por contar, de hecho aún no logré plasmar todo lo que me gustaría. El tema es que mi combustible espiritual estaba ahí, en las rutas. De a poco me fui dando cuenta de lo que realmente quería para mi vida. Equivocadamente intenté convencerme de que lo mío era establecerme en el mundo del periodismo trabajando por años para algún importante medio de comunicación en la ciudad. De que los viajes serían circunstanciales y no una forma de vivir. Pero visualicé que podía combinar mis pasiones y mi profesión, elegir yo mismo el camino sin tener que depender de nadie, dejar de lado las influencias conservadoras y timoratas.

Viajar y escribir es lo que amo hacer. Me hace sentir vivo. Me entusiasma no saber qué pasará al otro día, perder la noción del tiempo o la hora, sorprenderme a cada paso, aprender de los demás, compartir lo propio, ser libre. Saber que hay tantos lugares por conocer hizo imposible que piense en permanecer demasiado tiempo en el mismo sitio. Y es el blog la plataforma principal por la cual puedo desahogarme y compartir mis vivencias. Ojalá algún día pueda financiarme por completo trabajando como periodista de viajes, por ponerle un nombre. Pero lo cierto es que eso no me quita el sueño y sólo el tiempo me dará evidencias al respecto. Voy a seguir haciendo lo que me gusta de una forma u otra, eso nunca será negociable. Pienso en viajar por el mundo y hacer trabajos temporales de cualquier tipo de ser necesario. Lo que no significa dejar de lado mis principios, sino que por el contrario traerá consigo un puñado de momentos, un aprendizaje y además el dinero necesario para viajar con bajo presupuesto. Igualmente lo material me importa poco y nada, puedo vivir con lo básico. Esto generará que me desempeñe con alegría y buena predisposición, siempre y cuando considere que soy tratado con respeto.

Encontré una total convicción, como nunca antes. Estoy confiado, seguro, tranquilo de hacia dónde llevar el rumbo de mi vida. Como describí, esta revelación la hice en Buenos Aires y no antes en los tantos países que estuve, por más raro que parezca. Extrañamente se dio así y por eso era necesario que regresara de Europa aquella vez. Esa disyuntiva que se me presentó ante las propuestas laborales era mucho más que una simple decisión, sino que representaba una moraleja de la vida misma, un dilema existencial. Era tiempo de reaccionar, y si hubiese tomado el camino incorrecto para mis ideales no habría durado mucho en esa incomodidad. Pero por suerte no fue así y pienso aprovechar  el tiempo al máximo. Ya no tengo dudas de lo que quiero y es por eso que se vendrán años de experiencias, viajes y desafíos, donde intentaré seguir creciendo en mi profesión mediante un vínculo proporcional que engloba mis pasiones. Todo esto tiene su lado doloroso también, ya que implica estar lejos de los seres queridos. Pero en este punto soy el más egoísta de todos y priorizo mis sueños. Ellos los entienden y me apoyan.

Había regresado a la tan peligrosa zona de confort, la cual te atrapa, te seduce y hace que se te pase la vida sin vivirla, donde los días son casi todos iguales. Hay que tener cuidado con esto, con la felicidad efímera. Aconsejo reaccionar, romper los moldes, dejar los miedos de lado con todo lo que eso implique, siempre y cuando no se esté feliz con lo que se tiene. Nadie dice que sea sencillo, pero el premio es maravilloso: la plenitud. Y dicho esto no podía haber encarado una nueva etapa sin un pasaje que sea sólo de ida, el cual simboliza la intención de estar abierto y decidido a ir más allá de una fecha en el calendario, de negarse a tener que retornar a la comodidad de la rutina.

Finalmente además del viaje a Ecuador también fui a Brasil para la Copa del Mundo, cumpliendo un sueño inolvidable. Y entretanto los preparativos para Nueva Zelanda. Siempre me sedujo este país, recuerdo cuando era muy chico ver en la televisión la increíble travesía de Milford Track entre paisajes únicos. Ahora trataré de vivirlo en carne propia. Vamos con visas que nos permiten trabajar y estar allá al menos por un año, por lo que recorreremos lo más que podamos seguramente con algún transporte que compremos. Con el dinero ahorrado la idea es conocer varios países de Asia por unos meses. Igualmente son sólo proyectos, la realidad es que iremos improvisando y viendo qué deparan los caminos y sus gentes.

No me arrepiento de haber viajado casi en soledad tantos meses, siempre digo que prefiero vivir todas las situaciones para luego saber elegir con criterio de causa qué es lo que creo mejor para mi.  Me di cuenta  coincidir con la famosa frase que dice que “la felicidad es verdadera cuando es compartida”, por eso me da mucha alegría y tranquilidad poder al menos emprender esta nueva experiencia junto a un amigo, más allá de que nuestros caminos se separasen en algún momento, como tarde o temprano sucederá. Ahora es diferente, veo todo con claridad. Encaro este viaje en un gran momento personal, con mucha experiencia y kilómetros recorridos, pero especialmente sin prisa ni limites, con la intención de disfrutar cada segundo, de sacarle lo positivo a todo y de vivir el día a día.

Me fui de Buenos Aires, y esta vez no creo que vuelva. Me despedí una vez más de mi compañera de tantos años, que me enseñó a ser mejor persona y apoyó siempre en mis sueños, por más que los caprichosos caminos de la vida se bifurcasen. Casi los últimos dos meses los pasé con mi gente en Bariloche, la ciudad que amo. Llegó una nueva integrante de la familia llena de energías positivas. Y de golpe, un hasta pronto. Para terminar estas líneas creo oportuno citar una frase del escritor estadounidense John Maxwell que mencionó un amigo en un emotivo mail de despedida y que resume lo que ambos y tantos otros sentimos: “Cuando quieras emprender algo, habrá mucha gente que dirá que no lo hagas, cuando vean que no te pueden detener, te dirán como lo tienes que hacer y cuando finalmente vean que lo has logrado, dirán que siempre creyeron en ti”.  Sigamos nuestras convicciones y pasiones, sin importar lo que digan los demás, por muchos que sean. Hasta la próxima Argentina querida.

El camino espera (Ribadesella, España. 2012).

El camino espera (Ribadesella, España. 2012).

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13 respuestas a Dejar la zona de confort: historia de un pasaje de ida

  1. Fla y Maxi dijo:

    Te queremos mucho Diegui, lo mejor para esta nueva etapa! Llenate de postales que nos puedas compartir, acá te esperamos por si queres volver 😛 muchos besos y abrazos para el camino!

  2. Sabrina dijo:

    Que lindas palabras Dieguito!!!!! Les deseo lo mejor!!! Diviértanse y cuídense!!!!! Junten plata porque el sudeste asiático es para estar vaaaaarios meses recorriéndolo!!!!! Cuidame a mi hermanito!!!!! Los quiero!!!!! besossss

  3. susana fernandez dijo:

    Diego y Cristian ;todo lo mejor para ustedes en esta experiencia ,Disfruten ,conozcan ,cuídense ,pero por sobre todo que lo pasen lindo Mis cariños para mis vecinos de toda la vida Y que Dios los acompañe siempre

  4. Margarita Angélica dijo:

    Hola diego soy la madre de cesar , espero Q, todos tus sueños se cumplan
    Me siento feliz por ti ,que todos tus sueños se cumplan, vive, vuela como los pájaros, en libertad, verás y aprenderás nuevas costumbres , pero sobre todas las cosas vive y se feliz un beso grande de quien te aprecia un monton

  5. Jose dijo:

    A ti, a ese desconocido..

    Tus palabras me han erizado los pelos y la piel se me ha puesto de gallina.

    Serás feliz porque es lo que deseas.

    Mucha suerte en vuestra aventura.

    Desde España, otro desconocido.

  6. Pingback: En las puertas del Sudeste Asiático: síntomas pre-viaje | Siempre andando

  7. Fabrizio dijo:

    Just read it again.this was a great post indeed!

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